¿Y si quien contamina no paga?

A mediados del mes de noviembre de 2013 pudimos asistir, algo desconcertados a la sentencia final del “Caso Prestige” , que no dejó satisfecho a casi nadie.

Junto con lo ocurrido en 1998 en las minas de Aznalcóllar, éste ha sido “el mayor desastre ambiental en ocurrido en España” , si bien, en la población sevillana se produjo un vertido 100 veces mayor, el derrame de petróleo del buque “Prestige” ha sido considerado el tercer accidente más costoso de la historia . No obstante, hay un elemento común en ambos desastres: los responsables o potenciales responsables del accidente, no han pagado ningún tipo de indemnización por lo ocurrido. Al menos hasta ahora.

From flickr.com thewritingzone

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De hecho, en el caso del siniestro del buque, si el propietario del “Prestige” llegara a ser considerado responsable objetivo de los daños producidos, por vía civil, una vez agotada la penal con la sentencia referida, éste dispondría de un montante de 180 millones de euro que aportaría el FIDAC (Fondo Internacional de Indemnización de Daños debidos a la Contaminación por Hidrocarburos) para compensar esos daños. El resto de daños que superasen esa cifra, para la que únicamente la limpieza se estima que superó los 12 mil millones de dólares, se quedarían sin reparación.

Si consideramos que el principal damnificado ha sido nuestro medio ambiente (en su acepción amplia como término) , y que los efectos de dichas catástrofes han sido reparados en algunos casos o minimizados en otros, por las diferentes administraciones públicas, es decir, con cargo a nuestros impuestos, podemos concluir que, en última instancia, somos los ciudadanos los que hacemos frente a estas catástrofes e irresponsabilidades ambientales. Incluso, ya no sólo con nuestras cotizaciones, tasas y tributos, sino prestándonos como voluntarios en las limpiezas y restauraciones de los ecosistemas afectados.

Por tanto, ¿qué pasa cuando “quien contamina no paga”? O, mejor dicho, ¿cómo evitar esto?

Para ello, recurrimos a los Principios Informadores de la Acción Ambiental Comunitaria de la Unión Europea, sobre los que dimanan el resto de disposiciones de carácter ambiental que aplican a los estados miembro, y que son los siguientes:

  • Necesidad de lograr un nivel de protección elevado.
  • Principio de acción preventiva (prevención).
  • Principio de cautela (precaución).
  • Corrección de los atentados al medio ambiente preferentemente en la fuente misma.
  • Principio de “quien contamina paga”.
  • Principio de integración de la consideración ambiental en las demás políticas de la Comunidad.

Leyendo con detenimiento, observamos que jerárquicamente, antes que el Principio de “quien contamina paga”, aparecen el Principio de Prevención y el de Cautela, que invitan a actuar sobre los riesgos de que se produzcan daños al medio ambiente, aún cuando el problema ambiental no se haya manifestado, o no exista plena certeza científica suficiente acerca de ellos, como ocurre con el Cambio Climático.

From: flickr.com capsulaexpeditions

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Así que, este “quien contamina paga”, no deja de ser un “colchón de seguridad”, un último recurso para el medio ambiente, en casos en los que fallen el resto de medidas. Hasta ahora, las actuaciones de empresas, organizaciones, administraciones y ciudadanos, han ido a buscar y exigir responsabilidades, pero esta jerarquización supone un reto para todos: el desafío de seguir buscando soluciones y tratamiento a los potenciales problemas antes de que ocurran. Al igual que sucede en el ámbito sanitario, donde cada vez es más importante la “Medicina Preventiva”. Esto supone más inversiones en I+D+i de carácter ambiental, un mayor enfoque en las Mejores Técnicas Disponibles en cada industria o mercado, una gestión ambiental integrada e integradora en todos los niveles de las organizaciones, un mayor compromiso de colectivos y personas en el desarrollo sostenible, una mayor responsabilidad.

Trasladando la cuestión a un ejemplo más cercano, podemos decir que si nos hemos tropezado varias veces con un escalón de nuestra casa, es más razonable pensar que tenemos que evitar los riesgos que supone ese escalón y actuar sobre él, antes que seguir curando las heridas que nos produce.

Probablemente no estemos de acuerdo con el carácter justo o injusto de la sentencia. Probablemente no deseamos que sucedan más catástrofes de este tipo. Probablemente queremos un desarrollo más sostenible y una mayor protección de nuestro medio ambiente.

La clave está en nosotros. En seguir separando de manera correcta los residuos. En seguir consumiendo energía de manera más eficiente. En seguir apostando por las energías renovables. En seguir consumiendo productos más sostenibles. En seguir exigiendo un mayor compromiso a nuestras empresas, políticos e instituciones. La clave está en prevenir.

La clave está en evitar, de todas las maneras posibles que exista cualquier tipo de contaminación. De esta manera nunca tendremos que pedirle a quien contamina que pague. Y, además, no se nos quedará cara de póker con estas noticias.

-D. Castañeda

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